“Viaje a Talpa”, una inquietud del escritor Juan Francisco Aguilar

Juan Francisco Aguilar González aprendió la letra “A” cuando su madre la dibujaba en la tierra, con los candentes rayos del sol a cuestas. “Soy hombre de campo, y ni mi madre ni mi padre tuvieron oportunidad de aprender a leer y escribir, conocían apenas unas letras pero nada más”, dijo.

Esta tarde, presentó su libro “Viaje a Talpa. Bitácora de anotaciones a pie”, producto de su memoria y las imágenes que lleva imborrables en la mente. “Crecí viendo como el pueblo de Talpa se vaciaba, se quedaba vacío paralizando la vida del lugar. De niño sólo me llamaba la atención, pero conforme maduré me fui volviendo crítico de la situación”.

Llegó el momento en que le pareció incongruente que en una institución gubernamental se hicieran misas y viajes periódicos al estado de Jalisco para ir a la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, en la comunidad de Talpa de Allende. “Se supone que el Benemérito Benito Juárez dejó clara la secularización del Estado”, anotó con el entrecejo fruncido.

Entrevistado por Notimex en el marco del IV Festival de Letras en Tepic, Aguilar González, hombre alto, de tez morena curtida en el campo, honesto en mirar y claro en su hablar, se dijo bendecido porque de su cuna iletrada ha podido escalar hasta el grado de poderse llamar a sí mismo “escritor y poeta”.

A veces, esa situación lo intrigaba, a ratos lo molestaba y sin apasionamientos, nació en él la visión laica del asunto. Consecuentemente, recogió las vivencias, el aspecto humano de algunas personas que realizan ese viaje, no sólo de los personajes principales sino de gente que ha crecido en el pueblo y que realizan el viaje por una mera tradición familiar.

Cada año, de Nayarit a Talpa, los peregrinos imaginan todo lo que ahí se vende, desde sus postres y la guayaba convertida en dulce artesanal, hasta el café de olla y la canela que venden en la placita, en el mercado, y cerca del bosque de maple. “En el libro retrato cómo son esas personas al iniciar el viaje, y como cambian en el transcurso del camino”.

El autor dijo que fue fácil tomar la decisión de escribir un libro con el tema del viaje a Talpa. “Ya traía la inquietud atravesada en el pecho, como una braza caliente, y un hormigueo en la boca del estómago. Ya había escrito algunos artículos de opinión crítica a nivel regional, llené muchas hojas, varias libretas y papeles dispersos que por fin reuní”.

Reconoció que lo difícil fue la manera de hacerlo, de dar coherencia a sus escritos y hacer de ellos un libro medianamente atractivo. Además, sin apoyos de ninguna clase para hacer la edición del modesto ejemplar. “Es una edición independiente y la hice con mis propios recursos. Lo vendo en 200 pesos y no tiene una dedicatoria específica”, anotó.

Acaso, hizo este trabajo dedicado a Eulalio Aguilar López y a María González Durán, sus padres, quienes por razones propias de la economía y el entorno social nunca salieron del analfabetismo. “Hallarse a uno mismo a través de los caminos, brechas y paisajes, es más que un repliegue contemplativo. Es algo que nos hace guardar un reverencial silencio”.

Sin embargo, reconoció, para él ese mutismo reverencial se transforma inevitablemente en canto permanente que incluso alcanza sutiles notas de denuncia. Y echando mano de todo recurso, convirtiendo a la naturaleza salvaje y social en diversos instrumentos que van acotando la distancia, ejecutó auténticos poemas, en el detalle y en el conjunto del viaje.

Fuente: Notimex

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